viernes, 9 de junio de 2017

Mi primer ángel de la guarda apareció a los pies de mi camilla, camino del quirófano. No le vi la cara. Pero detuvo la puerta del ascensor justo antes de que me atrapara. 

Mi segundo ángel guardián se sentaba a los pies de mi cama cuidando que descansara. Era una sombra que apenas se sentía observada desaparecía. 

El siguiente ángel que me encontré me sonrió y me deseó suerte al cruzarse conmigo por segunda vez en el parque empresarial. Esa suerte me duró años. Tantos que ni siquiera creo que se haya gastado aún.

Del último ángel que me he cruzado conozco su nombre, pero poco más. Nació el día de Santa Flora, y como miembro de la Orden de Malta, le puede la nobleza. 

A ver si estoy yo a la altura...

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