lunes, 17 de marzo de 2014

Llevo dándole vueltas y vueltas a cómo darte las gracias, pero me tendrías que enseñar, y entonces tendría que darte las gracias por otra cosa más. No sé como hacerlo. Y tú seguro que tampoco sabes cómo escucharme. Tendría que enseñarte yo y querrías darme las gracias. Y así no íbamos a acabar nunca.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Los koalas pueden comer kilos de hojas de eucalipto. Les encanta. Pero cuando ven un tronco de bambú, aunque sea una alfombra enrollada de pie, en una tienda de decoración, se le achinan los ojos y corren a trepar por ella.
Y cuando están arriba, se lamen y se relamen, y se quedan dormidos.

sábado, 1 de marzo de 2014

Hace  algunos días soñé que estaba en una ola, dentro de la ola, pero no recuerdo nada más del sueño, sólo que era parte de la ola. El siguiente sueño fue un trozo de calle, en el que no había estado nunca, y de repente todo se daba la vuelta y aparecía de nuevo la ola como si nos reconociéramos por el sólo hecho de habernos soñado un rato antes.

Sonó el despertador, lo apagué y me volví a quedar dormida. Estaba en un bar, sola, como también estaba sola en la ola, y sentía que llegaba el momento de entrar (aunque yo ya estaba dentro) como si los hielos del resto de la gente a las 7.30 de la mañana cayeran sobre mi como meteoritos. Volvió a sonar el despertador y se acabó. Mejor, porque no tenía ningún sentido.

lunes, 24 de febrero de 2014

Hace frío, llueve y todo se ve gris. Un niño sale corriendo y se para sonriente frente a un charco. Me busca la mirada con malicia, invitandome a saltar con él, y terminamos salpicandolo todo de risas y de los colores que aparecen cuando aterrrizan en el suelo... menos mal que no nos hemos dado cuenta sólo nosotros.

lunes, 10 de febrero de 2014

Borrar una pizarra. Encender el limpiaparabrisas del coche. Limpiar las ventanas del salón. Desempañar los cristales de las gafas. A ver si en el mundo real me resulta tan fácil apagar y encender para empezar de nuevo.

sábado, 8 de febrero de 2014

Un enorme cachorro de zorro nórdico tocaba la flauta apoyado en una pared. Ni siquiera intenté evitar caminar hipnotizada hacia la música como todos los que avanzaban en la misma dirección. 
Se levantó de un brinco y salió corriendo, con la flauta entre los dientes y todos nos movimos con él, como su sombra, hasta un puesto de información de turismo donde preguntó si podría encontrar allí a alguien a quien seguir.
Parecía el único que no sabía que cualquiera querría seguirle a él.

jueves, 6 de febrero de 2014

Levanto la cabeza del teclado y descubro una pequeña hormiga caminando a toda prisa sobre el monitor. Primero hacia un lado y luego hacia el otro. Me sonrío y no puedo evitar confesarle: A veces yo también me siento perdida aqui dentro. 
Con cuidado la dejo en el suelo para que intente llegar a su sitio.

viernes, 24 de enero de 2014

La mecedora del salón aún le echa de menos. Y mis oídos, que se sentaban a escuchar sus historias, unas detrás de otras, sin pausas, ni relación entre ellas. Contaba la vida con los ojos, mientras su cuerpo se quedaba cada vez más triste. A veces se callaba y bajaba los párpados haciendose el dormido. Cuando ninguno mirábamos, se sonreía relamiéndose al pensar cómo cambiaría el siguiente final.

sábado, 18 de enero de 2014

Ahí está por fin, el error del que llevo toda la vida huyendo, desmoronando todas mis ciudades interiores, mi plan urbanístico trazado a la perfección con amplias avenidas sobre las que no cabe el miedo, edificios inteligentes preparados para aislar el temor en habitaciones estancas. Todo venido abajo porque el inquilino de uno de los locales comerciales oyó a un primo suyo quejarse porque nunca tenía la culpa de nada. Se corrió la voz y todo el mundo enloqueció. 
La crisis se acabó cuando decidieron que los errores los cometía siempre yo y me obligaron a sentarme a contemplar cómo se derruía todo.
Al acabar me fijé en un hormiguero, después del primer susto, siguieron trabajando. No debió ser para tanto.