¡¡Bum-Bum!! ¡¡Bum-Bum!!
- ¿Qué ha sido ese ruido?
- Nah!, el corazón que ha empezado a latir de nuevo
- ¿Pero estaba parado?
- Noooo!, estaba latiendo, sí, pero no como debía. No está ahí sólo para bombearos sangre a vosotras, ¿qué os creíais?
- No entendemos, entonces, ahora ¿qué más hace?
- Pues latir y hacer latir. Despertar latidos espejo, taquicardias intermitentes, momentos sin aliento, provocar noches en vela, sonrisas sin motivo.... que es para lo que han sido diseñados los corazones... Aunque, para la de recursos que consumen, y la de veces que se cuelgan, ya podrían servir para hacer más cosas...
Estamos llenos de las cosas que nos ha dado el pasado, de lo que nos enseña el presente y de lo que le pedimos como regalo al futuro. Yo sigo buscando.
miércoles, 15 de febrero de 2017
domingo, 5 de febrero de 2017
martes, 3 de enero de 2017
Estaba lavándose los dientes. Siempre pensaba mientras se lavaba los dientes; y mientras esperaba al ascensor, y mientras observaba abrirse la puerta del garaje, y mientras estaba en la cola del supermercado… Siempre pensaba. En cualquier momento, en cualquier sitio podía echar el cierre del mundo exterior y entretenerse con sus pensamientos. No recordaba la última vez que se había sentido aburrido. No se le ocurría aburrirse habiendo tantas cosas sobre las que pensar.
Cerró los ojos mientras se enjuagaba y pensaba sobre algo que siempre había oído: con el tiempo, te arrepientes sobre todo de las cosas que no has hecho... ni has intentado. A él no le habían quedado muchas cosas por hacer, ni por disfrutar, ni por intentar. Le pesaban más las cosas que nunca había dicho, los latidos de corazón a los que nunca vistió de palabras, ni siquiera para susurrarlas bajito cuando nadie oye. Había pasado mucho tiempo pensando, pero poco tiempo hablando. Y de repente, todos sus canales de entretenimiento interno, se silenciaron a la vez para dejarle ver una sola frase en aquella pantalla imaginaria: "díselo ahora".
Pero las palabras para "decir" no aparecían, aunque estaba seguro de que no se habían marchado, sólo habrían ido a refugiarse donde nadie pudiera molestarlas: al fondo de los jarrones donde hace tiempo que nadie pone flores en agua, en jarras, vasijas, damajuanas, macetas, cuencos y tinajas olvidados en alguna esquina del salón, de la cocina o del trastero. Recostadas en el fondo, disimuladas en sus paredes, siempre hay palabras que se esconden para que nadie las diga sin sentirlas.
Un “te quiero” por aquí, un “te extraño” por allá. Uno o dos “tengo miedo”. Dos o tres “te necesito”. Un grupo de “Quiero besarte”, algunos ejemplares de “Lo siento” de distintos tamaños… Las encontró y las fue recogiendo con cuidado y poniéndolas en la mesa del balcón. Dejó sitio en el centro para un “No te vayas” bastante dañado, que situó junto a un pequeño “si”.
Limpió cada palabra en detalle para evitar los hongos. Las roció con enraizante casero, las envolvió con mimo en papel de cocina, las metió en bolsas de plástico y las dejó en un sitio calentito a esperar que germinaran.
En menos de quince días tenía esquejes para repoblar toda su vida. Y sin pensar en nada más, abrió la puerta de la calle y se fue a buscarla para decírselo.
Con éste relato participo en el proyecto: "80 cuentos en 80 días", mi pequeña aportación contra el monstruo Tay-Sachs. Para conseguir el libro con otras 79 historias inspiradoras y ayudar a financiar la investigación contra esta enfermedad contacta con http://actays.org/
Cerró los ojos mientras se enjuagaba y pensaba sobre algo que siempre había oído: con el tiempo, te arrepientes sobre todo de las cosas que no has hecho... ni has intentado. A él no le habían quedado muchas cosas por hacer, ni por disfrutar, ni por intentar. Le pesaban más las cosas que nunca había dicho, los latidos de corazón a los que nunca vistió de palabras, ni siquiera para susurrarlas bajito cuando nadie oye. Había pasado mucho tiempo pensando, pero poco tiempo hablando. Y de repente, todos sus canales de entretenimiento interno, se silenciaron a la vez para dejarle ver una sola frase en aquella pantalla imaginaria: "díselo ahora".
Pero las palabras para "decir" no aparecían, aunque estaba seguro de que no se habían marchado, sólo habrían ido a refugiarse donde nadie pudiera molestarlas: al fondo de los jarrones donde hace tiempo que nadie pone flores en agua, en jarras, vasijas, damajuanas, macetas, cuencos y tinajas olvidados en alguna esquina del salón, de la cocina o del trastero. Recostadas en el fondo, disimuladas en sus paredes, siempre hay palabras que se esconden para que nadie las diga sin sentirlas.
Un “te quiero” por aquí, un “te extraño” por allá. Uno o dos “tengo miedo”. Dos o tres “te necesito”. Un grupo de “Quiero besarte”, algunos ejemplares de “Lo siento” de distintos tamaños… Las encontró y las fue recogiendo con cuidado y poniéndolas en la mesa del balcón. Dejó sitio en el centro para un “No te vayas” bastante dañado, que situó junto a un pequeño “si”.
Limpió cada palabra en detalle para evitar los hongos. Las roció con enraizante casero, las envolvió con mimo en papel de cocina, las metió en bolsas de plástico y las dejó en un sitio calentito a esperar que germinaran.
En menos de quince días tenía esquejes para repoblar toda su vida. Y sin pensar en nada más, abrió la puerta de la calle y se fue a buscarla para decírselo.
Con éste relato participo en el proyecto: "80 cuentos en 80 días", mi pequeña aportación contra el monstruo Tay-Sachs. Para conseguir el libro con otras 79 historias inspiradoras y ayudar a financiar la investigación contra esta enfermedad contacta con http://actays.org/
Todos los derechos sobre este relato pertenecen a la asociación Acción y Cura para Tay-Sachs y Sandhoff
sábado, 10 de diciembre de 2016
jueves, 24 de noviembre de 2016
Está claro: es un erizo. Bueno, es otro erizo. Por momentos se olvida que Él es lo que hay debajo de su cubierta y no lo que la rodea. Por eso no puedo leer su aura. No tiene. No hay aura que pueda adaptarse a tanta púa y pincho defensivo moviéndose continuamente. Por eso cuando le veo no me extraño. Misterio resuelto.
Lo que no sé, es si le gustará el café (y la tortilla) tanto como a mi.
martes, 8 de noviembre de 2016
jueves, 27 de octubre de 2016
Abolieron sin saberlo tanto el sistema métrico decimal como el sistema sexagesimal. Dejaron de tener sentido las unidades básicas para medidas y magnitudes como se conocían hasta entonces. La longitud no la medían en metros, sino por la distancia que separaba sus cuerpos. La referencia de superficie era la cantidad de piel que podía ser besada en cada momento. La intensidad de corriente no eran amperios sino la electricidad que les sacudía cuando se tocaban. Ya no había segundos, ni minutos, ni horas: se medía por el tiempo transcurrido entre cuando se veían y cuando se podían volver a ver.
martes, 25 de octubre de 2016
En el cuento original Ratona se quedó impresionada al ver al descomunal Elefante, y de inmediato quiso hacerse amiga suya.
En el mundo real, Elefante pensó que ya era hora de rodearse de algún corazón lo suficientemente pequeño para que "lo malo" no tuviera sitio donde esconderse pero lo suficientemente grande para bombear sonrisas por todas partes. Así que según la vio, se paró delante de ella y le pidió que trabajaran juntos.
"- Por probar...", le dijo para convencerla.
martes, 11 de octubre de 2016
domingo, 21 de agosto de 2016
Yo te orbito, tú me orbitas, nosotros nos orbitamos...
Según el día, en trayectorias elípticas, parabólicas o hiperbólicas que dibujan infinitos en el cielo.
Si un cometa pasa demasiado cerca de su estrella, la fuerza de la gravedad le atrae a su centro y choca con ella. No deja de tener su ironía...
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